
La famosa nave insignia de la Flota Estelar de la Federación de Planetas Unidos se ha lavado la cara.
Star Trek se ha subido al carro las precuelas, y aprovechando los nuevos efectos especiales y las salvajadas que se pueden hacer con los cromas, ha renovado la saga de películas de la serie dejando del listón muy alto.
J.J Abrams, el que fuera padre de la serie
LOST y del falso documental-película
Montruoso, dirige y produce (el que paga manda) este filme, cuyo objetivo es contarnos los inicios del capitán
James T. Kirk como capitán del USS Enterprise, en su misión por salvar la Tierra de un inminente ataque por parte de unos romulanos cabreados y sin un pelo de tontos, que van tras la pista de
Spock y de una sustancia capaz de crear un agujero negro que absorbería el planeta azul como un aspirador: la materia roja.
Entretenida lo es un rato, y eso que una servidora no es ni ha sido nunca fan de esta serie, que lleva emitiéndose desde 1964 y de la que se han hecho 10 películas sin contar la recién estrenada. No es necesario salir corriendo, desnudos y agitando los brazos, a por los deuvedés de la serie o a por todas las películas para poder acercarse al cine más cercano a ver le nueva de la saga, de echo este
Star Trek es perfecto para desvirgarse con
Spock y el resto de la crew del Enterprise.
Con unos efectos especiales que nada tienen que envidiar a los que salen de los dominios de
George Lucas (en ese aspecto es mucho más espectacular que cualquiera de los nuevos episodios de
Star Wars),
Star Trek es la película perfecta para ir a ver un domingo por la tarde a cualquier cine con pantalla grande (en Imax sería increible), acompañado de tu novio, tu abuela, tu sobrino de diez años o todos juntos, que no revueltos. Tiene escenas brillantes, frases lapidarias, momentos de tensión y apariciones sorprendentes como la de
Zachary Quinto aka
Sylar en
Heroes, haciendo de
Spock, o un
Eric Bana irreconocible por su caracterización a base de tatuajes faciales y un afeitado de craneo que ni
Vin Diesel en
Las crónicas de Riddick.
Simon Pegg y
Winona Ryder son otros de los muchos actores reconocibles, que no predecibles, que se dejan ver entre orejas puntiaguadas y teletransportaciones.

Yo firmo ya por una continuación que siga la misma línea, que para mi punto de vista y teniendo en cuenta que hablo desde la más grande las ignorancias (no sé qué pensarán de ello los trekkies) es puro entretenimiento, tanto para los que tienen sueños eróticos con chicas embutidas en los elegantes trajes de la academia de la Flota Estelar, como para los que prefieren a la princesa
Leia en biquini.